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Hoy me apetece escribir
sobre un establecimiento hostelero….. un bar de pueblo…. el bar de Loro, en
Castrocalbón.
Su historia
comienza en 1980, cuando Manolo “Loro”, un joven de la localidad, decide
abrir el local. Es en la calle El Fontorio; en el bajo de la casa familiar donde
su padre, anteriormente, tenía una fábrica de gaseosas.
Manolo llega con ganas de comerse el mundo. Comienza con un pequeño bar, sirviendo cafés y
bebidas. Era una persona joven y con ilusión, delgado y “larguilucho”.
Su carácter
inquieto y su agilidad detrás del mostrador, le hicieron merecedor del
sobrenombre de “Flash”; superhéroe del cómic en la década de los
noventa, cuyo poder era moverse más rápido que la luz.
En el bar de
Loro se reunía la
juventud. Allí quedábamos con los amigos para conversar, tomar unas cervezas,
un cubata y, por que no, fumar un celtas corto o un bisonte.
En aquellos años no había móviles ni ordenadores y las TV eran muy escasas. Después de comer y
después de cenar; de lunes a domingo, la visita al bar era de obligado
cumplimiento.
El frío, la lluvia, la nieve o las “cambricias” bajo cero, no son escusa para faltar a la cita. Un buen ejemplo lo tenemos el Día de Nochebuena. Como es normal, Loro cierra unas horas para cenar con la familia. Esa Noche de diciembre, con temperaturas bajo cero; algunos clientes llegan temprano y el bar aún esta cerrado. En la misma calle, junto al reguero, se hace una hoguera con ramas de la chopera. Así se combate el frío hasta que Manolo acaba de cenar.
Una vez dentro, se busca entrar en calor con un café, unas copas de anís o soberano y algún que otro “emburrión” para coger buena posición frente a la estufa de butano.
Hoy lo veríamos como una extravagancia, pero en aquellos años, Loro se desplazaba
en ambulancia. “Ambulancias Carbajo” descendió por el Puerto Pajares buscando el amor.
Lo encontró en la zona ovetense de Las Segadas. Allí vivía Mary, con la cual
forma una familia y ambos continúan con el negocio.
El negocio
funciona, la clientela sigue creciendo y el local se queda pequeño. Como
todo héroe, Flash es un visionario. La tecnología avanza y comienzan a verse
aparatos de video y cintas VHS.
Aledaño al
bar, Manolo acondiciona una sala. La llena de butacas, compra un video y una
televisión (de las grandes). Instala radiadores a gasoil y conserva las estufas
de butano, para hacer más llevadero el frío del invierno. Así nace la “Sala
de Video”.
El éxito fue
abrumador. Todas las noches, una, dos y hasta tres sesiones. Películas del
oeste, de Bruce Lee, de Charles Bronson, el rubio y el gordo (Bud Spencer y
Terence Hill) o la de los hippies Cheech y Chong ( Chin y Chon). Las de la
segunda sesión se clasificaban con dos rombos, eróticas y de destape.
La gente se
pasa horas y horas sentada en las butacas viendo películas. Esto hace que a
la sala se le bautice como “Los ponederos”.
Vivimos una
época en la que las zonas rurales están en plena ebullición. Son años en los
que las personas trabajan y manejan dinero. Los jóvenes quieren diversión y
gastan pesetas.
Los pueblos
y los negocios prosperan y Loro se ve en la obligación de afrontar una nueva
ampliación del local.
A
continuación de la sala de video y con salida a la otra calle, construye un
amplio local. La intención es ofrecer a sus clientes música, baile y
actuaciones con entrada libre. Copas a buen precio mientras te diviertes
jugando un futbolín, pin-pon y billar español. Comienza la andadura del “Pub
Loro”.
En los años
posteriores la acogida fue brutal. Manolo se ve desbordado y tiene que
contratar jóvenes del pueblo para ejercer el trabajo de camarero.
El Pub se
convierte en un referente del ocio en la comarca, en parte de la provincia de
León y en zonas de Zamora como Vidriales, Tera y Valles. Buen ambiente y
precios asequibles, garantizan el éxito los fines de semana.
Llama la
atención la manera de trabajar de Manolo. Cuando Flash descorcha una” riestra”
de cervezas, los clientes se quedan embelesados viendo volar los cascarillos,
hasta caer al suelo. Cascarillos de cerveza, cascarillos de refresco… cientos
de cascarillos. El barman, aún conserva destreza y habilidad.
Es en estos
momentos es cuando los Catedráticos del “ramote” ponen a funcionar los engranajes
de esas mentes perversas e irónicas, para buscar otro mote que acompañe a Loro
y Flash. Y así nace “Cascarillo”.
Durante muchos años, con
frecuencia podías escuchar la expresión: “Vamos a tomar algo donde
Cascarillo”.
Fueron años
de esplendor, de éxito, de llegar a lo más alto. Pero, como cantaba Medina
Azahara. “Todo llega a su Fin”.
La sociedad
evoluciona; cambia la gente y nos hacen cambiar las costumbres. La tecnología
no se detiene. Llega el DVD para sustituir al VHS. Más canales de TV, internet,
móviles, plataformas digitales, redes sociales….. En poco tiempo, el video VHS pasa a ser un objeto prehistórico. Paulatinamente los clientes dejan de salir a
ver películas y Loro se ve obligado a cerrar la Sala.
Por otro lado,
el ocio también entra en decadencia. Los pubs y discotecas cada vez tienen más
gastos y menos clientes. Llega la crisis, la gente se queda sin trabajo y la
economía doméstica se resiente. Suben las bebidas, suben los impuestos, se
prohíbe fumar en los locales y surgen los controles de alcoholemia. Un cóctel
de medidas que hace tambalear el sector de la hostelería. El complejo Loro
también se ve afectado y Manolo tiene que cerrar el Pub.
Cuatro
décadas después, el bar de Loro vuelve a sus inicios. “Un local con encanto,
anclado en el pasado y con precios de otra época”. Hoy en día te puedes
tomar un cubata por 4 euros, una cerveza por 1,5 euros, un café por 1,2 euros o
un chupito (dedal) por 1,1 euros.
En Marzo del
2019 Carbajo cumple los años de cotización a la S.S. y se jubila con casi 67
años. Comienza una nueva vida al otro lado del mostrador, disfrutando de un
merecido retiro.
Castrocalbón
observa apenado como otro de sus locales emblemáticos apaga los focos, baja el
telón y cierra sus puertas. Ha sido una vida entera dedicado a la hostelería;
miles de días conviviendo con los clientes.
La rutina de Loro da un giro de 360
grados. El cambio es radical y Manolo nota una enorme ausencia. Su cuerpo no se
adapta a la nueva vida; su alma y su mente siguen al otro lado del mostrador.
Flash se debilita; necesita la energía del bar, para seguir viviendo.
Ahora se
entiende; cuando los propios clientes sugieren subir los precios y Manolo
responde: “Yo no he vuelto al bar para ganar dinero”.
En Junio de 2019, el Bar
Loro reabre sus puertas bajo la dirección de Mary, su esposa.
En estos
siete años ha pasado la pandemia del Covid 19 y los devastadores incendios en
agosto de 2015. Para combatir el frío, Mary ha instalado una estufa de pellet y
por supuesto, seguimos contando con la insustituible estufa de butano.
El Bar de
Loro sigue siendo un punto de encuentro para las nuevas generaciones; para los amigos y
clientes; para los nostálgicos de aquellos años inolvidables.
“Para bien o
para mal; nos guste o no nos guste; se ha ganado un hueco en la historia
reciente de Castrocalbón:
Ayer, hoy, mañana y siempre;
Día a día, café a café;
Manolo y Mary
Loro, Flash, Cascarillo;
¡por nuestra gente!
¡¡SEGUIREMOS!!