lunes, 30 de marzo de 2026

El Bar de Loro. Su historia

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Hoy me apetece escribir sobre un establecimiento hostelero….. un bar de pueblo…. el bar de Loro, en Castrocalbón.

Su historia comienza en 1980, cuando Manolo “Loro”, un joven de la localidad, decide abrir el local. Es en la calle El Fontorio; en el bajo de la casa familiar donde su padre, anteriormente, tenía una fábrica de gaseosas.

Manolo llega con ganas de comerse el mundo. Comienza con un pequeño bar, sirviendo cafés y bebidas. Era una persona joven y con ilusión, delgado y “larguilucho”.

Su carácter inquieto y su agilidad detrás del mostrador, le hicieron merecedor del sobrenombre de “Flash”; superhéroe del cómic en la década de los noventa, cuyo poder era moverse más rápido que la luz.

En el bar de Loro se reunía  la juventud. Allí quedábamos con los amigos para conversar, tomar unas cervezas, un cubata y, por que no, fumar un celtas corto o un bisonte.

En aquellos años  no había móviles ni ordenadores y las TV eran muy escasas. Después de comer y después de cenar; de lunes a domingo, la visita al bar era de obligado cumplimiento.

El frío, la lluvia, la nieve o las “cambricias” bajo cero, no son escusa para faltar a la cita. Un buen ejemplo lo tenemos el Día de Nochebuena. Como es normal, Loro cierra unas horas para cenar con la familia.  Esa Noche de diciembre, con temperaturas bajo cero; algunos clientes llegan temprano y el bar aún esta cerrado. En la misma calle, junto al reguero, se hace una hoguera con ramas de la chopera. Así se combate el frío hasta que Manolo acaba de cenar.

Una vez dentro, se busca entrar  en calor con un café, unas  copas de anís  o soberano y algún que otro “emburrión” para coger  buena posición frente a la estufa de butano.

Hoy lo veríamos como una extravagancia, pero en aquellos años, Loro se desplazaba en ambulancia. “Ambulancias Carbajo” descendió por  el Puerto Pajares buscando el amor. Lo encontró en la zona ovetense de Las Segadas. Allí vivía Mary, con la cual forma una familia y ambos continúan con el negocio.

El negocio funciona, la clientela sigue creciendo y el local se queda pequeño. Como todo héroe, Flash es un visionario. La tecnología avanza y comienzan a verse aparatos de video y cintas VHS.

Aledaño al bar, Manolo acondiciona una sala. La llena de butacas, compra un video y una televisión (de las grandes). Instala radiadores a gasoil y conserva las estufas de butano, para hacer más llevadero el frío del invierno. Así nace la “Sala de Video”.


El éxito fue abrumador. Todas las noches, una, dos y hasta tres sesiones. Películas del oeste, de Bruce Lee, de Charles Bronson, el rubio y el gordo (Bud Spencer y Terence Hill) o la de los hippies Cheech y Chong ( Chin y Chon). Las de la segunda sesión se clasificaban con dos rombos, eróticas y de destape. 

La gente se pasa horas y horas sentada en las butacas viendo películas. Esto hace que a la sala se le bautice como “Los ponederos”.

Vivimos una época en la que las zonas rurales están en plena ebullición. Son años en los que las personas trabajan y manejan dinero. Los jóvenes quieren diversión y gastan pesetas.

Los pueblos y los negocios prosperan y Loro se ve en la obligación de afrontar una nueva ampliación del local.

A continuación de la sala de video y con salida a la otra calle, construye un amplio local. La intención es ofrecer a sus clientes música, baile y actuaciones con entrada libre. Copas a buen precio mientras te diviertes jugando un futbolín, pin-pon y billar español. Comienza la andadura del “Pub Loro”.

En los años posteriores la acogida fue brutal. Manolo se ve desbordado y tiene que contratar jóvenes del pueblo para ejercer el trabajo de  camarero.

El Pub se convierte en un referente del ocio en la comarca, en parte de la provincia de León y en zonas de Zamora como Vidriales, Tera y Valles. Buen ambiente y precios asequibles, garantizan el éxito  los fines de semana.

Llama la atención la manera de trabajar de Manolo. Cuando Flash descorcha una” riestra” de cervezas, los clientes se quedan embelesados viendo volar los cascarillos, hasta caer al suelo. Cascarillos de cerveza, cascarillos de refresco… cientos de cascarillos. El barman, aún conserva destreza y habilidad.

Es en estos momentos es cuando los Catedráticos del “ramote” ponen a funcionar los engranajes de esas mentes perversas e irónicas, para buscar otro mote que acompañe a Loro y Flash. Y así nace “Cascarillo”.  Durante muchos años,  con frecuencia podías escuchar la expresión: “Vamos a tomar algo donde Cascarillo”.

Fueron años de esplendor, de éxito, de llegar a lo más alto. Pero, como cantaba Medina Azahara. “Todo llega a su Fin”.

La sociedad evoluciona; cambia la gente y nos hacen cambiar las costumbres. La tecnología no se detiene. Llega el DVD para sustituir al VHS. Más canales de TV, internet, móviles, plataformas digitales, redes sociales….. En poco tiempo, el video VHS pasa a ser un objeto prehistórico. Paulatinamente los clientes dejan de salir a ver películas y Loro se ve obligado a cerrar la Sala.

Por otro lado, el ocio también entra en decadencia. Los pubs y discotecas cada vez tienen más gastos y menos clientes. Llega la crisis, la gente se queda sin trabajo y la economía doméstica se resiente. Suben las bebidas, suben los impuestos, se prohíbe fumar en los locales y surgen los controles de alcoholemia. Un cóctel de medidas que hace tambalear el sector de la hostelería. El complejo Loro también se ve afectado y Manolo tiene  que cerrar el Pub.

Cuatro décadas después, el bar de Loro vuelve a sus inicios. “Un local con encanto, anclado en el pasado y con precios de otra época”. Hoy en día te puedes tomar un cubata por 4 euros, una cerveza por 1,5 euros, un café por 1,2 euros o un chupito (dedal) por 1,1 euros.

En Marzo del 2019 Carbajo cumple los años de cotización a la S.S. y se jubila con casi 67 años. Comienza una nueva vida al otro lado del mostrador, disfrutando de un merecido retiro.

Castrocalbón observa apenado como otro de sus locales emblemáticos apaga los focos, baja el telón y cierra sus puertas. Ha sido una vida entera dedicado a la hostelería; miles de días conviviendo con los clientes.

 La rutina de Loro da un giro de 360 grados. El cambio es radical y Manolo nota una enorme ausencia. Su cuerpo no se adapta a la nueva vida; su alma y su mente siguen al otro lado del mostrador. Flash se debilita; necesita la energía del bar, para seguir viviendo.

Ahora se entiende; cuando los propios clientes sugieren subir los precios y Manolo responde: “Yo no he vuelto al bar para ganar dinero”. 

En Junio de 2019, el Bar Loro reabre sus puertas bajo la dirección de Mary, su esposa.

En estos siete años ha pasado la pandemia del Covid 19 y los devastadores incendios en agosto de 2015. Para combatir el frío, Mary ha instalado una estufa de pellet y por supuesto, seguimos contando con la insustituible estufa de butano.


El Bar de Loro sigue siendo  un punto de encuentro para las nuevas generaciones; para los amigos y clientes; para los nostálgicos de aquellos años inolvidables.


“Para bien o para mal; nos guste o no nos guste; se ha ganado un hueco en la historia reciente de Castrocalbón:

Ayer, hoy, mañana y siempre;

Día a día, café a café;

Manolo y Mary

Loro, Flash, Cascarillo;

¡por nuestra gente!

¡¡SEGUIREMOS!!


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